Crisis en la cerveza artesanal: cómo la noche porteña se adapta al bajón de consumo
Con la caída del consumo y el ajuste de costos, las cervecerías artesanales porteñas reconfiguran su oferta. Qué está pasando en las barras y cómo cambia el ritual de la birra en Buenos Aires.
La birra artesanal ya no es lo que era. Lo que hace unos años parecía un boom imparable hoy enfrenta una realidad más dura: caída del consumo, costos que aprietan y un público que cambió sus hábitos de salida. En la noche porteña se siente. Y las cervecerías lo están sintiendo en la caja.
Según datos que vienen circulando en el sector, el consumo de cerveza artesanal viene en baja sostenida desde hace más de un año. No es solo inflación: es que la gente sale menos, gasta menos y, cuando elige, prioriza otras opciones. El fernet con coca volvió a ser el rey en muchos barrios y los tragos simples de barra ganan terreno frente a las pintas de 800 o 900 pesos.
"Estamos ajustando todo", cuenta un dueño de una de las cervecerías más conocidas de Palermo que prefiere no ponerle nombre a la nota. Redujeron personal, achicaron las cartas y empezaron a jugar más fuerte con las promos de happy hour extendido. Porque si antes la gente llegaba a las 8 pm y se quedaba hasta las 2, ahora aparece más tarde, toma menos rondas y se va antes.
El cambio de hábitos es clave. La generación que impulsó el crecimiento de la artesanal entre 2015 y 2019 hoy tiene otros gastos: alquileres que comen el sueldo, deliveries caros y una tendencia clara a juntarse en casas antes que pagar ronda en el bar. Eso impacta directo en las taps rooms de Chacarita, Villa Crespo y San Telmo, que dependían mucho del after office y la previa de los jueves y viernes.
Frente a esto, varias barras están mutando. Algunas volvieron a las cervezas más económicas de línea, otras incorporaron coctelería simple para atraer a quien no quiere solo birra. Las que se mantienen puristas en la artesanal están apostando a eventos más acotados, con ticket de entrada o descuentos por grupo. La idea es llenar mesas aunque sea con menos consumo por cabeza.
En Córdoba y Mendoza la cosa no pinta muy distinta. El interior, que había sido motor de crecimiento con sus ferias y festivales de cerveza, también reporta bajas en la venta de growlers y en el take away. El ritual de la birra compartida en el barrio se está reconfigurando: menos cantidad, más selección. Y mucho más cuidado con el ticket final.
Desde el vamos, los que vienen del mundo de la coctelería lo ven como una oportunidad. "Cuando la birra sube de precio, el gin tonic o el vermú con soda se vuelven más competitivos", dice un bartender de Recoleta. Y agrega que en muchas barras híbridas ya se ve que la gente pide un trago y después, si acaso, una pinta. El mix entre cerveza y coctelería es la nueva normalidad.
¿Se viene una recomposición? Difícil saberlo en el corto plazo. Lo que sí está claro es que las cervecerías que sobrevivan van a ser las que logren adaptarse a un consumidor más exigente y con menos plata en el bolsillo. Menos taps, más rotación, precios más honestos y una propuesta que justifique salir de casa.
Mientras tanto, en la noche de Buenos Aires se siente el cambio: las mesas se llenan más tarde, las conversaciones duran un poco menos y la birra, cuando llega, se disfruta con otro cuidado. Porque seguir saliendo a tomar algo sigue siendo sagrado, solo que ya no es tan fácil como antes.